Resistencias antifeministas en red: análisis memético del hashtag #8MEME y respuestas coeducativas

 

 

 

 

Antifeminist resistance online: memetic analysis of the hashtag #8MEME and co-educational responses

 

 

 

 

Antonia García Luque. Universidad de Jaén. España.

Alba de la Cruz Redondo. Universidad de Jaén. España.

 

 

 

 

 

 

 

Recibido: 2026/03/07 Revisado 2026/03/13 Aceptado: 2026/06/04 Publicado: 2026/09/01

 

 

Cómo citar este artículo:

García Luque, A. & de la Cruz Redondo, A. (2026). Resistencias antifeministas en red: análisis memético del hashtag #8MEME y respuestas coeducativas [Antifeminist resistance online: memetic analysis of the hashtag #8MEME and co-educational responses]. Pixel-Bit, Revista de Medios y Educación, 77, Art.5. https://doi.org/10.12795/pixelbit.120490

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESUMEN

El presente texto recoge una investigación realizada en torno al discurso antifeminista y misógino difundido en redes sociales a través de la memética, utilizando como ejemplo el análisis del hastag #8MEME. Tras una fundamentación teórica sobre el reacccionismo antifeminista en el ecositesma digital y el uso de la memética como herramienta de polinización del odio hacia las mujeres y el movimiento feminista, se realiza un estudio de carácter exploratorio de análisis de las narrativas producidas por el hashtag #8Meme a través de una metodología cualitativa de tipo descriptivo con la aplicación de categorías de corte deductivo al análisis del discurso se concluye que el #8Meme se torna en estrategia de ataque directo al feminismo  a través del humor, buscando contrarrestar sus reivindicaciones y vaciar de contenido el significado real del 8M, conectando con el universo de la manosfera y las dinámicas de sus grupos e impactando en las creencias y prejuicios de las generaciones de jóvenes que están socializando y desarrollando sus identidades en estos entornos digitales. Los resultados permiten establecer un conjunto de estrategias discursivas que articulan el backlash antifeminista en torno al 8M a partir de diferentes mecanismos. Finalmente, se articulan estrategias de alfabetización crítica digital feminista para contrarrestar esta situación.

 

 

 

 

 

 

 

 

ABSTRACT

This text presents a research study on the antifeminist and misogynistic discourse spread on social media through memetics, using the analysis of the hashtag #8MEME as a case study. Following a theoretical foundation on antifeminist reactionism within the digital ecosystem and the use of memetics as a tool for pollinating hatred toward women and the feminist movement, an exploratory study was conducted to analyze the narratives produced by the hashtag. Using a qualitative, descriptive methodology with the application of deductive categories to discourse analysis, it is concluded that #8Meme becomes a strategy for a direct attack on feminism through humor. It seeks to counteract feminist demands and strip the real meaning of International Women's Day (8M) of its content, connecting with the "manosphere" universe and its group dynamics, and impacting the beliefs and prejudices of younger generations who are socializing and developing their identities in these digital environments. The results allow for the identification of a set of discursive strategies that articulate the antifeminist backlash around 8M through various mechanisms. Finally, feminist critical digital literacy strategies are proposed to counteract this situation.

 

 

 

 

 

 

PALABRAS CLAVES· KEYWORDS

Redes sociales, feminismo, discurso de odio, análisis de contenido, alfabetización digital

Social media, feminism, hate speech, content analysis, digital literacy

 

 

1. Antifeminismo online: resistencias reaccionarias desde la violencia (Backlash)

Se entiende por resistencia reaccionaria a cualquier tipo de obstinación al cambio social progresista denominada como “reacción violenta” (backlash) cuando hace referencia al rechazo activo contra programas, políticas y perspectivas progresistas y feministas (Pérez-Tirado et al., 2022). Estas autoras, siguiendo a Flood y Pease (2005), definen la resistencia como “el subconjunto de las muchas prácticas y procesos que sustentan la desigualdad de género y que se manifiestan a través de la oposición, el desafío o el rechazo a los esfuerzos encaminados hacia la igualdad de género” (p. 20). Cuando los códigos que sustentan las desigualdades cambian, aquellos individuos o colectivos que son favorecidos por el statu quo ejercen resistencias al cambio porque ello supone desligarlos de sus privilegios. De este modo, no sólo se tratará de evitar los cambios, sino también de revertir los que se han conseguido (en este caso, todos aquellos vinculados con el progreso hacia la igualdad de género y la eliminación de las violencias machistas).

Navarro-Gaitán et al. (2021), realizaron una investigación con el fin de analizar las creencias, concepciones e ideas previas sobre feminismo de la juventud en el que se obtuvieron conclusiones impactantes. La principal fue que el profundo desconocimiento conceptual que el alumnado tenía del feminismo impactaba directamente en sus fuertes resistencias y rechazo al mismo, reflejo tanto de la escasa formación recibida en la educación formal como de la gran capacidad de manipulación ideológica por parte de la educación informal (redes sociales, fundamentalmente). En el estudio llamó la atención que se responsabilizaba en mayor medida a las mujeres del machismo imperante en la sociedad, de manera que se evidenciaba también una mayor penalización del mismo cuando éste es ejercido por una mujer. Otro dato significativo fue la gran resistencia de la juventud a considerarse feminista, siendo mayor la proporción en chicos, entre los que se evidenció una creencia generalizada de que el feminismo beneficiaba a las mujeres y discriminaba a los hombres. No en balde, el sentir feminista juvenil en su nivel más bajo desde 2021 con 12 puntos menos, reflejo del impacto de los mensajes de la manosfera en este grupo de edad (Kuric et al., 2026).

Además, en el actual contexto social se han normalizado las violencias machistas al punto de enfrentarnos a un incremento significativo de su negacionismo entre la juventud, que considera que la violencia de género es una cuestión ideológica y no un problema sistémico y estructural de nuestra cultura patriarcal, como demuestran los datos del último barómetro de juventud y género. Estas visiones, más frecuentes entre los hombres, conviven con un consenso cada vez mayor sobre la gravedad del problema (67,7%) (Kuric et al., 2026). En paralelo, la última encuesta del CIS (2024) muestra que casi la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres opina que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discriminados son ellos, siendo mayor entre hombres jóvenes (16-24 años) y entre votantes de partidos conservadores.

Es necesario poner el foco en las resistencias masculinas al cambio social (Ranea, 2021), así como al fenómeno denominado la “crisis de la masculinidad” (Kimmel, 2019; Roldán-Gutiérrez & Kaplún-Medina, 2022), para entender el auge del movimiento antifeminista y misógino fuertemente afianzado en el universo online. Asistimos a una banalización, devaluación y denostación popular del feminismo en el mundo online vinculado con la “reacción patriarcal” y la “manosfera”, que presenta al feminismo como un instrumento de discriminación hacia los hombres y una amenaza al “orden natural” (es decir, el patriarcado). En este contexto, las resistencias antifeministas buscan mantener y preservar el orden tradicional imperante asentado en la masculinidad hegemónica, la jerarquía de poderes (hombre/mujer) y la supremacía masculina. Como señalan Pérez-Tirado et al. (2022, p. 20), “una característica típica de esta reacción (backlash) es el deseo de algunos de sus defensores de volver a aspectos de un pasado idealizado en el que se normalizó la desigualdad estructural”. Los datos anteriores muestran abiertamente el retroceso en la igualdad y la polarización de género en la juventud española, corroborando el alto impacto del backlash entre este grupo de edad.

El auge e incremento de la violencia y victimización masculina en las comunidades online se produce durante la cuarta ola del feminismo. La networking masculina camina en paralelo con una red digital de mujeres que comparten sus experiencias silenciadas de abusos, acoso y sufrimiento, e intercambian impresiones sobre el impacto positivo que puede tener el feminismo en sus vidas. De este modo, las mujeres pasan de sufrir desde la individualidad personal a generar sinergias colectivas con otras mujeres que se convierten en red de apoyo y sororidad, como el movimiento #MeToo, #BeenRapedNeverReported, #NiUnaMenos; y #Cuéntalo; o el genérico #8M. Este paso de lo individual a lo colectivo (del yo al nosotras) versa como herramienta de confianza, protección y empoderamiento femenino, pero también como amenaza a la masculinidad hegemónica, que es el bastión y cimiento de la manosfera. La reacción a esta escalada feminista organizada y colectiva en las redes despierta la respuesta violenta de muchos hombres que persiguen silenciar, deslegitimar y destruir las nuevas formas de organización en red de las mujeres. Esta reacción de misoginia popular está protagonizada por hombres cabreados que se presentan como víctimas del feminismo, al que hacen responsable de un trato desfavorable por su condición de hombres. Un ejemplo es la campaña #Himtoo de 2018 que enaltecía el ejercicio de la masculinidad hegemónica justificando el sexismo y la violencia contra las mujeres (Pérez-Tirado et al., 2022), o el #NotAllMen.

Así, desde el acoso persistente y anónimo, y con una misógina extrema, pretenden apartar del ciberespacio a las mujeres que denuncian activamente la violencia sexual sufrida, ejerciendo sobre ellas violencia simbólica (Del Pino, 2023). Para ello, recurren frecuentemente a la victimización a partir de la negación de sus privilegios masculinos; rechazan las desventajas históricas de las mujeres; equiparan la violencia de los hombres a las mujeres con la de las mujeres a los hombres; e, incluso, afirman que son ellos los que actualmente se encuentran en desventaja. A este respecto, García-Mingo y Díaz-Fernández (2022) señalan que esta victimización masculina funciona al separar la víctima real de la realidad estructural y de su contexto; al invertir los roles de víctima y perpetrador y, desmantelar el binomio víctima/perpetrador.

La manosfera es una de las resistencias antifeministas presente en los contenidos online, siendo una manifestación del neosexismo misógino (Pérez-Tirado et al., 2022). Este espacio de complicidad cooperativa misógina, está formada por distintas comunidades masculinas antifeministas en la red tales como Pick Up Artist (PUAs), Men’s Right Activists (MRAs), Men Going Their Own Way (MGTOW) e Involuntary Celibates (Incels), que, pese a su diversidad, comparten unos rasgos característicos: a) rechazo al movimiento feminista, b) búsqueda de la restauración de los valores tradicionales, asociados a la subordinación de las mujeres, que les permita recuperar el control sobre su cuerpo a partir del contrato sexual masculino y, c) uso de una retórica con formas insolentes, irreverentes y políticamente incorrectas como seña de identidad.

Del Pino (2023) destaca la importancia del sentimiento de pertenencia en las comunidades masculinas online, que se genera a través de la circulación de contenido políticamente incorrecto y que se materializa en el universo de la Red Pill que “surge de la unión de un conjunto de subculturas dentro de la manosfera que hombres enfadados en la red despierten del embrujo de una vida sometida a los designios del neoliberalismo progresista en el que el feminismo ocupa un papel central” (p.134). Esta red enfatiza la masculinidad hegemónica y la supremacía del hombre blanco, concluyen este autor que: “muchos de los tiroteos y masacres en la última década en los Estados Unidos, acompañados de mensajes racistas y misóginos en las redes sociales, han coincidido con el crecimiento de la derecha radical y las comunidades masculinas en la red” (Del Pino, 2023: 134). La investigación de Brandariz y Del Pino (2024) establece una estrecha relación entre ultraderecha y terrorismo antifeminista, compartiendo la misoginia como rasgo común.

 

2. La memética antifeminista en redes: la maquinaria del humor al servicio de la manosfera

El antifeminismo digital ha encontrado en el meme (imagen, video o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través de Internet) la herramienta perfecta para poder deslegitimar el discurso y las demandas feministas desde el humor que, al utilizar la denegación plausible, propaga con facilidad, rapidez y comodidad su ideario. Este instrumento es cada vez más utilizado en la manosfera porque, frente a la crítica y el rechazo de su contenidos ofensivos o desinformativos, permite al creador escudarse en la broma y conseguir desacreditar a quienes le son críticos aludiendo a su falta de sentido del humor y a la exageración de la situación. Al estar utilizando el meme para la difusión de mensajes de odio hacia las mujeres y el feminismo (camuflados en modo chiste y ocurrencia humorística) se obstaculiza y bloquea la posibilidad de establecer un debate racional y fundamentado, al tiempo que se facilita la banalización de un mensaje que difunde un ataque directo.

La potencialidad didáctica y pedagógica del meme radica en que capta rápidamente la atención de la infancia y juventud; es fácil de consumir y, aún más de compartir y viralizar, lo que García-Mingo y Fuentes (2023) denominan capacidad polinizadora; simplifica ideas complejas; moldea cómodamente la opinión de quienes los consumen; se disminuye la resistencia al contenido del mensaje al consumirlo con disfrute y placer desde el humor; y, genera sentido de pertenencia al utilizar códigos compartidos por un grupo de “iguales” que  producen vínculos afectivos que están más relacionados con odiar a la otredad (las feministas) que con articular un “nosotros” preexistente, lo que se denomina antagonismo memético (García-Mingo & Fuentes, 2023).

La mayor amenaza de la cibermemética antifeminista es que se torna en pedagogía del odio especialmente contra las mujeres que defienden el relato feminista, impactando fuertemente entre la gente más joven que los consumen de forma acrítica, sin ser conscientes de cómo influyen en su aprendizaje de prejuicios sobre las desigualdades y violencia de género y sobre las nociones erróneas del feminismo. Y suponen la puerta de entrada a la radicalización y a discursos de odio más extremos y peligrosos.

Si bien son abundantes los estudios sobre memética en general, los relativos a cibermemética antifeminista son aún anecdóticos. Cabe destacar el trabajo de García-Mingo y Fuentes (2023) que analiza el papel de los memes en la polinización de los discursos antifeministas que surgen en la manosfera, categorizando en cinco grandes bloques los temas más recurrentes en el debate público: 1) el feminismo y las feministas; 2) la violencia sexual y machista; 3) el vínculo entre el movimiento feminista y la política de izquierdas; 4) la masculinidad como víctima del feminismo; y, 5) la “ideología feminista”. Así mismo, también localizaron los mecanismos meméticos antifeministas: 1) la viralidad gracias a su dimensión visual, carácter repetitivo y sencillez de contenido y formato; 2) el uso de la estético reconocible de la cultura digital; 3) la ausencia de autoría y/o anonimato; el recurso del humor y la búsqueda de complicidad; 4) la descontextualización y deshistorización de los reclamos feministas; 5) la subversión de los argumentos feministas; y, 6) la apropiación del lenguaje y conceptos feministas. En definitiva, como señalan las autoras: “Los memes creados y puestos en circulación desde la manosfera española constituyen una forma alternativa de crear y proponer un argumentario a disposición de la misoginia colaborativa y la polarización política” (García-Mingo & Fuentes, 2023, p. 70).

 

3. El hashtag #8Meme: estudio de caso de un ejemplo de backlash

Los hashtags se han convertido en un elemento central de cualquier proyecto o causa sociopolítica. El éxito de las convocatorias del 8M se vincula a la propia importancia que tiene la almohadilla (#) en el activismo feminista a través de plataformas digitales (Instagram, X, Tiktok, Youtube Facebook, etc.), lo que ha generado reacción (por miedo o incomodidad). Las redes no inventan el odio, pero sí lo amplifican y funcionan como cámaras de eco. Así, si un grupo acuerda que un avance les perjudica, lanzan a rodar su bola de nieve de interacciones, produciendo una retroalimentación constante que intensifica la hostilidad y actúa como propagador multiplicado.

Con este panorama llegamos al 8 de marzo de 2025, Día Internacional de la Mujer, y momento en el que su hashtag correspondiente -#8M -, recibe su backlash en forma de supuesto humor, convirtiéndose en #8Meme. Impulsado por el contexto de la manosfera, este hashtag surge con la idea de burlarse y ridiculizar mediante memes y parodias las principales reivindicaciones feministas asociadas al movimiento, tratando de deslegitimarlas.

Con este estudio, nos planteamos como objetivo general analizar las narrativas antifeministas y misóginas difundidas en las redes sociales mediante el uso de la memética, tomando como caso de estudio el hashtag #8MEME en la red social X.

Para ello, se plantean los siguientes objetivos específicos:

-       Identificar y categorizar las estrategias discursivas de la misoginia digital y el backlash antifeminista presentes en las publicaciones vinculadas al hashtag analizado.

-       Detectar los mensajes de odio encubiertos que se propagan contra el feminismo y las feministas, bajo la apariencia de humor, sátira o parodia.

-       Analizar la conexión entre estas narrativas y la manosfera, determinando el impacto que tienen en las creencias y prejuicios de los/las jóvenes.

-       Articular estrategias de coeducación para contrarrestar la desinformación y los discursos de odios en los entornos digitales.

 

3.1. Metodología

Para la consecución de estos objetivos, se aplicó una metodología cualitativa de tipo descriptivo exploratorio a partir del análisis de las narrativas producidas por el hashtag #8Meme para dilucidar e interpretar situaciones y costumbres con el objetivo de describir un fenómeno, estudiándolo tal y como se manifiesta a partir de sus características (Mayring, 2021). En concreto, se realiza un estudio de análisis de contenido, siguiendo trabajos similares (Gutiérrez-Almazor et al., 2020; Villar-Aguilés & Pecourt-Gracia, 2021; Suárez-Álvarez, 2022; Zabalgoitia, 2022; Lacalle et al., 2023).

Pese a que la etiqueta fue utilizada en diversas redes el análisis se centró en la red X, al considerar que era la que mejor se adaptaba al uso de la memética por el formato de sus tuits. Así, se han analizado un total de 153 tuits con el hashtag #8Meme, publicados en torno al 8 de marzo de 2025 (concretamente entre los días 1 y el 15, en base al pico de actividad del hashtag, al tratarse de un fenómeno efímero altamente localizado cronológicamente). La muestra se ha seleccionado con una búsqueda manual de manera aleatoria siguiendo las fechas de publicación. De esta forma, se garantiza la exclusión de bots y spam, asegurando que cada unidad de análisis es un producto cultural real de la manosfera.

Con respecto al proceso de análisis, la investigación analiza los contenidos que acompañan el mencionado hashtag y que pueden ser considerados como backlash antifeminista, por lo que en una primera fase inductiva inicial se realizó la búsqueda y selección de memes, anotando los temas emergentes (odio, humor, deslegitimación, etc.). Tras ello, se pasó al proceso de codificación y categorización, estipulando la aplicación de un grupo de estrategias discursivas de misoginia digital consideradas categorías de análisis de troleo antifeminista. Estas categorías se establecieron previamente partiendo de las codificadas en los estudios de Crosas-Remón y Medina-Bravo (2019) y Villar-Aguilés y Pecourt-Gracia (2021), adaptándolas y creando nuevas en función de las necesidades de nuestra investigación (Figura 1)[1]. Para validar las categorías del sistema de codificación y alcanzar el necesario consenso grupal que permitiera llegar a conclusiones compartidas, se realizó una prueba piloto con el 10% de la muestra. En ella, las codificadoras (las dos autoras) analizaron de forma independiente los mismos mensajes para, posteriormente, unificar criterios. Al no haber discrepancias no fue necesario la intervención de un/a tercer/a investigador/a que actuara como árbitro/a. Finalmente se repitió este proceso con la totalidad de la muestra, realizando de forma conjunta el análisis interpretativo.

 

 

Figura 1

Categorías de análisis de las estrategias discursivas de backlash antifeminista en el hashtag #8Meme

 

3.2. Resultados: Análisis del contenido audiovisual incluido en el Hashtag #8Meme[2]

a)    Insulto y/o sarcasmo

Los tuits que pueden clasificarse como “insultos” se basan en la caricaturización de las feministas. Se mofan de lemas que hacen referencia al acoso y a las agresiones sexuales, como “dejad de violarnos” o “no quiero tu piropo”, mezclando fotografías reales de mujeres que consideran “poco agraciadas” con parodias y dibujos. Son frecuentes también las representaciones de figuras masculinas con sobrepeso simulando que son mujeres feministas (recurriendo con frecuencia a personajes de los Simpsons), mostrando los pechos y con características físicas exageradas, como sobrepeso, gafas de pasta gruesas, pelo corto y de colores con peinados estrafalarios (Figura 2).

 

Figura 2

Memes representando el estereotipo de “feminista”

El sobrepeso es muy recurrente para ridiculizar a las manifestantes que critican la normatividad de los cuerpos y la cultura de las dietas como parte de la violencia patriarcal. Encontramos frases como “Lo único bueno que tiene el #8M es que pone a caminar a un montón de gordas”; o “`Nos están matando por ser mujeres´ grita la feminista que morirá de un ataque al corazón a causa de su obesidad”; acompañando muchos de estos tuits con fotografías de mujeres obesas, reales o manipuladas (Figura 3).

 

Figura 3

Publicaciones insultando a las mujeres con sobrepeso en las marchas del #8M

 

También encontramos numerosos tuits que comparan a las manifestantes del 8M con los orcos en la popular saga de El Señor de los Anillos utilizando, incluso, escenas de las películas que recrean las batallas.

Junto a ello, multitud de publicaciones se refieren a la soledad, el alcoholismo, el mal olor y el mito de la soltería rodeada de gatos: “Un saludo a todas las compañeres, espero que hayan tenido un #8Meme muy entretenido y un buen regreso a casa con sus gatitos”; “Gatos y vino serán tu destino”; “Ya salieron las bestias de sus cavernas estas cosas son una vergüenza para el género femenino y usan este día para escupir su odio y su frustración acumulados durante el año, ya ni siquiera defienden nada solo odian”; “#8Meme hoy salen a darse a conocer a las solteronas en una marcha”; “La feminista promedio no quiere tener, ni criar hijos. Pero pretende enseñarte cómo educar a los tuyos”. De hecho, dentro de los tuits analizados (Figura 4), uno de los que más interacciones tiene es el que ridiculiza lo que considera la estética “tipo” y las proclamas de las feministas que acuden a las marchas.

 

Figura 4

Publicación satírica sobre la “Anatomía feminista promedio”

 

Otro tema recurrente es el mito de que la ausencia o desafección de la figura paterna en la infancia provoca la radicalización de las feministas y el supuesto odio que sienten hacia los penes y los hombres en general (Figura 5).

 

 

Figura 5

Memes que se mofan de la ausencia de padre como causa de feminismo

 

b)    Imposición de roles y estereotipos de género

También encontramos tuits que inciden en los roles tradicionales de género, tanto para las mujeres como para los hombres. En el caso de las mujeres, lo más común son las referencias a las labores domésticas como propias de su sexo, mandándolas a hacer la cena, lavar los platos o fregar, acompañando estos mensajes de distintos materiales audiovisuales (Figura 6).

 

Figura 6

Ejemplos de memes que muestran a las mujeres vinculadas a labores del hogar

 

Es el caso también de otra de las publicaciones más virales, que muestra un vídeo del 8M (Figura 7) en el que cientos de mujeres realizan una performance guardando silencio cuando se escucha a un hombre gritar burlándose “Ahora a casa que hay que hacer la cena”, provocando multitud de reacciones positivas hacia su intervención y siendo tildado de “valiente”, “campeón”, etc.

 

Figura 7

Publicación que recoge el video en el que un hombre interrumpe una performance instando a las mujeres a que vayan a hacer la cena

 

En cuanto a los estereotipos masculinos, lo habitual es encontrar ataques a los hombres que se muestran partidarios del feminismo y sus reivindicaciones, llamándoles “aliades”, acusándolos de estar sometidos a las mujeres, apoyar el movimiento con intenciones sexuales y haciendo referencia al tamaño de sus penes: “Recuerden: los ‘aliades’ pitochico son arrodillados y sirvientes de las feminazis, es decir, parte de la misma enfermedad social”; “Vaya, otro mangina que me bloquea por hacerle ver que su discursito de aliade empoderade metemiedo no va a hacer que mañana folle…”; “Otro pendejo aliade quedando bien con las perras”.

 

c)    Objetivación sexual

Encontramos algunas publicaciones (Figura 8) que sexualizan el cuerpo de las mujeres como objetos deseables y otras que, además, banalizan o ridiculizan las agresiones que se producen en las propias manifestaciones.

 

Figura 8

Memes que banalizan las agresiones que se producen en las manifestaciones del 8M

 

También es frecuente encontrar tuits que establecen analogías entre las feministas y la insatisfacción sexual: “Si van a ir a un bar o antro hoy les prometo que se van a topar a un montón de feministas borrachas que odian a los hombres pero que están sedientas de verga, así que díganles a sus espermatozoides que se peinen, porque hoy salen”; o el manido recurso de publicar una foto de la manifestación sugiriendo haber tenido relaciones con alguna de las que aparecen en ella, mofándose y haciendo comentarios explícitos del tipo “hace buenos trabajos”.

 

d)    Criminalización y difamación

Uno de los temas que más se repite en los tuits analizados es la acusación de vandalismo hacia las asistentes a las marchas del 8M. Acompañan sus imágenes (Figura 9) con frases como: “Estudia, para que no creas que dañando la ciudad y agrediendo física y verbalmente vas a lograr respeto“, ”Declaro inaugurado el ‘8M’ día internacional del vandalismo a monumentos, negocios, personas masculinas que NO HICIERON NADA MALO… Ah y día internacional de la mujer”, “Feliz día del vandalismo y la destrucción innecesaria de las mujeres que envidian”, “Hoy es el día en que las mujeres conflictivas y problemáticas justifican sus desmanes con alzar la voz”. Incluso hay un usuario que considera que el origen del hashtag #8Meme es provocado por esas acciones: “Hoy por hoy ya el #8M2025 se convirtió en el #8Meme precisamente por todas las agresiones que las trolles feminazis han hecho. Se han convertido en un verdadero peligro y no hay detenciones o sanciones para evitarlo”.

 

Figura 9

Tuits sobre el “vandalismo” de las mujeres el 8M    

Algunos retuitean noticias sobre los destrozos, aprovechando la coyuntura para insultar al movimiento de forma general, con afirmaciones como que “El #Feminismo es una enfermedad mental”. Y, en esta misma línea, numerosos tuits (Figura 10) instrumentalizan a las personas que limpian las calles tras las manifestaciones para atacar, especialmente cuando se trata de mujeres:

 

Figura 10

Tuits instrumentalizando al personal de limpieza tras las marchas del 8M

Entre estos ejemplos se encuentra un vídeo en el que varios testimonios de limpiadoras describen en qué consiste su jornada ese día, teniendo que ocuparse de las pintadas tras la manifestación un equipo compuesto por 16 mujeres.

 

e)    Asociación ideológica del feminismo como forma de ataque

Encontramos distintas referencias (Figura 11) a la asociación del feminismo con la ideología de izquierda o extrema izquierda, acompañando las publicaciones de distintos hashtag, imágenes de políticos/as de estos partidos e, incluso, etiquetas a sus cuentas: “Es #8Marzo, originalmente Día Internacional de la Mujer Trabajadora, pero luego la zurda se inventó ‘las causas’ y quedó en #DíaInternacionalDeLaMujer porque manipulación mediática y control de masas, pero su ejecución dejó todo en el #8meme”.

 

Figura 11

Publicaciones con ataques políticos a la izquierda por su asociación al feminismo

f)     Ofensiva general al movimiento feminista

Si hay un denominador común en las publicaciones que agrupa la etiqueta #8Meme es que buscan atacar al movimiento feminista y sus reivindicaciones, aunque sea de forma soterrada. Sin embargo, hay algunos tuits que dirigen esos ataques abiertamente mofándose de los símbolos y consignas del feminismo, tratando de ridiculizar, banalizar y caricaturizar. Por ejemplo, son numerosos los que utilizan imágenes y vídeos de las performances de las manifestantes (Figura 12), parodiando las canciones y las letras o añadiendo a otros personajes bailando con ellas.

 

Figura 12

Memes parodiando las performances feministas

 

En otros casos, se emplea la memética para ridiculizar los símbolos o los mensajes de reivindicación (Figura 13).

Figura 13

Memes manipulando los símbolos y lemas feministas

 

Otras muchas señalan lo que consideran contradicciones feministas (Figura 14), como silenciar a las mujeres que no opinan como ellas, tratar de manera diferencial las mismas actitudes en hombres y mujeres o conseguir derechos que ya están conseguidos. También se enmarcan aquí diversos memes que se burlan de la reivindicación de que el 8M se conmemora y no se celebra.

 

Figura 14

Publicaciones señalando contradicciones del feminismo

Especialmente incisivos son los ataques al concepto de sororidad, no sólo a través de memes en los que una feminista critica o silencia a otra que no piensa como ella, sino haciéndose eco de polémicas surgidas entre las asistentes a las marchas. Es el caso, por ejemplo, de una pelea de dos mujeres grabada durante una marcha del 8M, que es compartida por distintos usuarios con frases como “Se están matando entre ellas”, “Viva la sororidad” o “Este #8M nos deja la triste historia de unas feministas que se agreden entre ellas en una manifestación. Y además de llorar muy fuerte, resulta que prefirieron que las defendiesen unos señoros policías y no sus hermanas…”.

 

g)    Descrédito del movimiento feminista

Una de las formas de descrédito más común encontrada entre las publicaciones con la etiqueta #8Meme es la que trata de anular la conmemoración de la lucha en el día de su efeméride, transformándola en el día de Dragon Ball (Figura 15). Esta idea se basa en el argumento de que, aunque la muerte de su autor, Akira Toriyama, se produjo el 1 de marzo, la noticia se dio a conocer una semana después.

En este sentido, se encuentran tuits con diferentes grados y estrategias de descrédito: los que simplemente ignoran al feminismo, evitando nombrarlo a pesar de usar los hashtag que lo identifican; quienes recurren al insulto directo a través de comparaciones con elementos de la saga; y quienes hacen uso de la memética para expresar el triunfo del día de Toriyama frente al día de las mujeres:

 

Figura 15

Memes refiriéndose al 8M como el día de Dragon Ball

Algunas de estas publicaciones van acompañadas de comentarios como: “Hoy es un día muy triste porque… se cumple un año de la muerte de Akira Toriyama QEPD. A poco creían que iba a mencionar a las pendejas del #8meme. Que esas tipas chinguen a su puta madre. Lo bueno es que hoy descanso y no tengo que salir”; “@IreneMontero Hoy es día de #DragonBall Grande #AkiraToriyama. El feminismo que ud predica no quiere igualdad sino superioridad. No les importa las mujeres. Puros berrinches, se victimizan por todo. Resentidas!”.

 

h)    Uso y manipulación de la imagen de las mujeres con fines antifeministas

Otra de las categorías más abundantes es la que utiliza la imagen o declaraciones de mujeres para atacar al movimiento feminista y sus reivindicaciones, manipulando y falseando la información si es necesario. Es frecuente encontrar imágenes de mujeres con estéticas “tradicionales” en roles de maternidad frente a mujeres encarnando los estereotipos de “feminista” (pelo corto, de colores, rasgos masculinizados, etc.) o, en una línea similar, comparar mujeres destacadas en la historia con aquellas que acuden a las manifestaciones con el pecho descubierto, por ejemplo. En otras publicaciones similares se puede leer “Cleopatra… cómo cresta habrá llegado donde llegó sin las femilokas de sobacos morados… Misterios de la historia… Y Mesalina, reina Elizabeth, Catalina la grande, Isabel la católica, Margaret Thatcher, mmm creo que por capacidad, liderazgo, mmm”. También se recurre a la contraposición de las feministas a figuras femeninas influyentes de las redes, acusándolas de envidia, como por ejemplo Roro Bueno, ensalzada por la manosfera en el contexto de las Tradwife.

Otra de las estrategias de utilizar a las mujeres como arma arrojadiza consiste en el retuiteo masivo de vídeos en el que otras mujeres, a veces con un gran número de seguidores, critican al feminismo y dicen no sentirse representadas por él, declarándose antifeministas. Es el caso de estos dos videos (Figura 16) que cuentan, además, con un buen número de visualizaciones e interacciones.

 

 Figura 16

Videos de mujeres declarándose antifeministas[3]

 

Finalmente, otra de las formas de ataque que se enmarcan en esta categoría son las manipulaciones de mensajes mostrados en carteles sujetados por mujeres, para que parezcan las autoras. En algunos casos el cartel se limita a insultar el movimiento (“El feminismo es basura. Da igual cuando leas esto”) pero, en otras ocasiones, se utilizan proclamas denigrantes que, incluso, hacen apología de las distintas violencias contra las mujeres (Figura 17).

 

Figura 17

Tuits manipulados con mensajes contra el feminismo

 

4. Discusión

El antifeminismo actual no siempre se envuelve de mensajes radicales o duros, sino que opera también en el terreno de la sutileza y no siempre es fácil de reconocer (Gutiérrez-Almazor et al., 2020). Estos resultados muestran cómo la cultura memética funciona como una herramienta efectiva para la deslegitimación del movimiento feminista, al combinar humor, ironía y manipulación audiovisual con discursos y ataques directos. Todo ello se encuentra alineado con investigaciones previas centradas en el papel de las redes como espacios de contramovilización y narrativas reaccionarias (Zabalgoitia, 2022; Suárez-Álvarez, 2022; Lacalle et al., 2023). “Se aspira a construir un contra-discurso que gane el combate dialéctico mediante golpes de efecto instantáneos (insultos y sarcasmos manifestados en forma de imágenes, memes y frases hechas)” (Villar-Aguilés & Pecourt-Gracia, 2021, p. 37).

La mayoría de los tuits utilizan técnicas propias de la cultura digital, y de la memética en particular, como el remix y la instantaneidad (Villar-Aguilés & Pecourt-Gracia, 2021). En estas técnicas la creación no parte de cero, sino que se reutilizan y recontextualizan contenidos preexistentes, potenciando la viralidad instantánea. Junto a ellas también se aplican otras técnicas propias del troleo, como el hackeo del discurso racional, donde se busca influir en las percepciones y decisiones de las personas, aprovechando las vulnerabilidades cognitivas y manipulando el mensaje que se quiere transmitir con fines ideológicos o de desinformación. Los memes se convierten en un mecanismo de distanciamiento emocional para acometer una crítica o enarbolar un discurso reaccionario, amparándose en que “sólo es humor” para armar su estrategia de deslegitimación, lo que dificulta la crítica. Pero ese humor, que introduce formas blandas de antifeminismo, la puerta de entrada a discursos más radicales.

Los resultados nos permiten establecer un conjunto de estrategias discursivas que articulan el backlash antifeminista en torno al 8M siendo, precisamente, uno de los momentos en los que mayor visibilidad tiene el movimiento. Sin embargo, si analizamos en conjunto los mensajes etiquetados con #8Meme, encontramos que tratan de reforzar la idea de que el feminismo y sus luchas son exagerados e, incluso, ridículos y contradictorios. También subyace en estos mensajes el llamado “espejismo de la igualdad”, la idea de que el feminismo no es necesario porque la igualdad ya está conseguida. Por tanto, se ridiculiza una protesta que, a sus ojos, no hace falta, tildando a quienes la secundan de victimistas y exageradas.

Hemos podido comprobar cómo una parte significativa de las publicaciones de nuestro análisis recurren a la caricaturización de las feministas mediante estereotipos físicos y sociales: poco atractivas, con sobrepeso, socialmente aisladas, etc. Estas representaciones responden a patrones misóginos que buscan desacreditarlas en los ámbitos públicos, vinculando esos rasgos a la falta de éxito y tratando con ello de invalidar sus discursos (Banet-Weiser & Miltner, 2016; Jane, 2017). Al mismo tiempo, la focalización de los ataques en la corporalidad puede considerarse como una forma de control simbólico del cuerpo de las mujeres.

En líneas similares a lo anterior, los memes que se basan en referencias a las tareas domésticas suponen un refuerzo de la asociación de lo femenino con el cuidado y el trabajo reproductivo. Por su parte, los ataques dirigidos a los hombres que apoyan el feminismo (categorizados maliciosamente como aliados/es y acusados de serlo bajo intereses sexuales) suponen una estrategia de sanción simbólica que busca preservar la masculinidad hegemónica (García-Mingo & Díaz-Fernández, 2023)

Otra de las estrategias identificadas en nuestro análisis es la objetivación sexual de las feministas, que sigue siendo una estrategia fuerte en los ataques contra mujeres en redes sociales (Fernández-Montaño, 2024). En este sentido, los memes que las sexualizan o que las dibujan como mujeres sexualmente frustradas constituyen una forma de trivialización que, además de desacreditar mediante el insulto, busca desplazar el foco de debate de las reivindicaciones políticas del movimiento.

Por otro lado, las recurrentes asociaciones de las asistentes a las manifestaciones con comportamientos violentos o incívicos, insistiendo en los supuestos actos vandálicos cometidos el 8M, contribuyen a construir un encuadre negativo del feminismo. Se busca con ello desplazar la atención del público, apuntando hacia episodios puntuales del conflicto (daños materiales, pintadas, etc.) para apartar el foco de las reivindicaciones estructurales y consiguiendo, al mismo tiempo, criminalizar a las feministas. Esta estrategia discursiva podría enmarcarse en el uso del framing como forma de presentar un tema activando interpretaciones desfavorables, estigmatizantes o polarizantes, en este caso orientándolo hacia la contra-movilización (Ponte, 2020).

La asociación ideológica del feminismo con la izquierda es una estrategia discursiva común utilizada como ataque político para deslegitimar, polarizar y simplificar las demandas de igualdad de género y los avances conseguidos en este terreno, precisamente por gobiernos de signo progresista (Bernárdez-Rodal, 2023). Al hacerlo, se busca generar rechazo en sectores liberales o conservadores, manipulando la lucha por la igualdad de género y convirtiéndola en una guerra política y cultural.

La gran cantidad de memes y tuis atacando al movimiento feminista en general nos da una idea de la imagen desvirtuada que tiene en las redes sociales y los estereotipos negativos que le son inherentes, identificándolo como una ideología peligrosa que genera rechazo (Fernández-Montaño, 2024). La palabra feminazi es utilizada con frecuencia para referirse a cualquier mujer que denuncie situaciones de desigualdad y cuestione la normatividad femenina tradicional y la estructura patriarcal que la sostiene, empleándose hacia ellas una violencia explícita y hostil (Tortajada & Vera, 2021).

Con respecto a la resignificación del 8M como día de Dragon Ball, asistimos claramente a lo que en el contexto de las culturas digitales es conocido como derailment, el fenómeno por el cual se introducen de forma deliberada en un debate o un hilo, temas alternativos que poco o nada tienen que ver con el tema o propósito. El objetivo principal de esta práctica es desviar la atención e introducir elementos de toxicidad y discusiones irrelevantes (Jane, 2017).

Finalmente, la circulación de contenidos que usan supuestas declaraciones o imágenes de mujeres críticas con el feminismo como forma de descrédito al movimiento, es otra de las prácticas más frecuentes en el backlash antifeminista, puesto que permite reforzar la idea de que el feminismo no representa a todas las mujeres, asentando el antifeminismo como posición legítima dentro de la colectividad femenina (Banet-Weiser, 2018).

 

4.1. Limitaciones y líneas futuras de investigación

La principal limitación de este estudio es su restricción al análisis de contenido de una única plataforma (X) y un único marcador conceptual (#8Meme). Como líneas futuras de investigación, se plantea, por un lado, transferir este marco de análisis a otras redes sociales para evaluar la transversalidad del fenómeno y, por otro, expandir el corpus documental analizando las narrativas contrarias a otros hitos de la agenda feminista global, tales como #25M, #Me Too, #YoSiTeCreo, #Y aún así me quedé, etc.

 

4.2. Implicaciones prácticas

Los resultados de este estudio permiten identificar estrategias discursivas empleadas en las redes para atacar el proyecto feminista bajo el manto del humor. Este conocimiento resulta muy útil los programas de prevención y sensibilización en violencia contra las mujeres en el ámbito educativo, permitiendo incorporar estos contenidos como base para generar un pensamiento crítico y una conciencia de género en adolescentes y jóvenes, desarticulando la posible influencia de valores anti-igualitarios.

La educación formal tiene el desafío de hacer frente a estas nuevas realidades, siendo necesario no solo que el alumnado adquiera competencias digitales en el uso de las tecnologías, sino también desarrollar un pensamiento crítico feminista aplicable al mundo online, lo que podría entenderse como una alfabetización digital crítica desde una pedagogía feminista. Este requiere un cuerpo docente formado, lo que hoy por hoy resulta utópico debido a la escasa presencia de estos contenidos en los planes de estudio de los grados de educación (Varela-Portela et al., 2024).

Si las escuelas son instituciones claves para la prevención de violencias machistas, es imperativo que se trabaje cómo, dónde y por qué se produce y legitima la cosificación de las mujeres, prestando especial atención la cultura digital audiovisual, así como a sus consecuencias reales. Partiendo del cuerpo como contenedor/generador de experiencias es necesario realizar un abordaje de la manosfera desde la mirada reflexiva de cada joven en el rol desempeñado dentro de la misma en tanto que son sujetos de género.

En consonancia con los hallazgos obtenidos, resulta imperativo pasar de la denuncia a la acción mediante el diseño de propuestas de alfabetización crítica digital y estrategias prácticas de coeducación feminista en la red. Se proponen las siguientes líneas de actuación coeducativa:

·         Bloqueo algorítmico por indiferencia: Evitar interactuar o replicar a cuentas que difundan discursos misóginos o contenidos extremadamente provocadores. Dado que los algoritmos de las plataformas priorizan el engagement cuantitativo (clics, comentarios y visualizaciones) sin evaluar el sentido del mensaje, la confrontación directa —incluso con fines de contraargumentación— solo consigue amplificar su visibilidad y facilitar su polinización digital.

·         Construcción de contranarrativas autónomas: Desarrollar relatos alternativos propios que estén fundamentados en datos contrastados y en experiencias colectivas. Estas narrativas deben articularse de manera independiente y aislada, eludiendo el contacto discursivo directo con las comunidades de la manosfera para no alimentar sus dinámicas de confrontación y retroalimentación.

·         Apropiación del humor y la cibermemética feminista: Validar el uso de códigos humorísticos, parodias, chistes y memes como herramientas pedagógicas esenciales de resistencia.

·         Blindaje y articulación de redes de apoyo: Fomentar una cultura de cuidado digital mediante la difusión, el apoyo mutuo y el blindaje activo de cuentas de divulgación y activismo feminista, construyendo sinergias colectivas seguras.

·         Alfabetización crítica y desactivación del acoso: Capacitar al alumnado en la identificación, reporte masivo y denuncia sistemática de cuentas de trolls y redes de bots. Esta medida busca mitigar el dogpiling (acoso organizado) y evitar que los mecanismos de hostigamiento anónimo consigan silenciar o desprestigiar las voces y el activismo de las mujeres en internet.

 

5. Conclusiones

El uso de etiquetas dota de cohesión a los movimientos reaccionarios, ya que funcionan como marcadores identitarios dentro de las comunidades antifeministas, instándolos a hacer frente común, independientemente de sus distintas vertientes. Esta forma de hacer humor no es neutral ni es inocua, sino que se enmarca dentro de la violencia simbólica de género, muy normalizada en Internet y las redes sociales, lo que contribuye a afianzar los roles y estereotipos y, por ende, las desigualdades estructurales de género.

Emplear el #8Meme es una forma de atacar activamente al feminismo buscando contrarrestar sus reivindicaciones y vaciar de contenido el significado real del 8M. Además, conecta de lleno con el universo de la manosfera y las dinámicas de sus grupos (Incels, MGTOW, etc.) y, lo que es peor, afecta a las generaciones de jóvenes que están socializando y desarrollando sus identidades en estos entornos, con un uso sin control, acrítico y adictivo de las tecnologías que genera “cautivos/as digitales” (Botto & Gottzén, 2024; Aiston, 2024).

Urge desarmar la manosfera a partir de una cultura digital reaccionaria feminista que cuestione los discursos misóginos y patriarcales desde la raíz y el conocimiento. Sin embargo, esto no resulta fácil porque, pese a que la alfabetización digital está aceptada como signo de desarrollo y, en el contexto escolar cualquier acción dirigida a la capacitación digital es bienvenida, la situación es muy diferente cuando se trata de alfabetizar en materia de género, tal como muestran las investigaciones centradas en las resistencias a la coeducación de los diferentes agentes educativos (Rebollo-Catalán & García-Pérez, 2023).

Si bien son escasos los estudios realizados sobre pedagogía feminista digital, hay autoras que ponen el foco en las experiencias individuales, subjetivas y encarnadas y, en utilizar el discurso y la narrativa en los espacios en línea para construir significados complejos y desencadenar acciones de reflexión, de análisis y de modelado, esto es, introducir las experiencias como contexto y contenido de aprendizaje (Jiménez-Cortés & Triviño, 2023). Esta línea conecta directamente con la importancia de la educación emocional, en tanto que, uno de los grandes obstáculos que proporciona el ecosistema digital es la deshumanización de la otredad que, en el caso de la manosfera corresponde a las mujeres que son presentadas como objeto del odio colectivo de aquellos hombres que se sienten humillados y atacados por el feminismo. La cosificación de las mujeres es una de las estrategias más útiles que usa la manosfera y la cultura mediática tornándose en herramienta de perpetuación de dominación y devaluación de éstas, véase a tal efecto la pornosolicalización como instrumento de enseñanza del imperio del agrado, de agresiones sexuales y de relaciones afectivas tóxicas y jerarquizadas (Roldán-Gutiérrez, 2022; Díaz-Hernández, 2025).

Abordar el fenómeno de la manosfera desde la alfabetización digital feminista no solo implica entender desde la perspectiva de género qué dicen y cuáles son sus discursos, sino también cómo los dicen, en qué contextos, qué narrativas visuales utilizan y de qué manera operan técnicamente para reclutar y radicalizar (uso de lenguaje pseudocientífico; uso de contenidos provocadores como cebo; apropiación del victimismo…).

 

Contribución de los autores

Las autoras han realizado el trabajo en colaboración en todas sus fases, tanto en la investigación como en la redacción de la contribución: Conceptualización; adquisición de financiación; metodología; supervisión, redacción—preparación del borrador original y;  redacción—revisión y edición.

 

Financiación

Este estudio ha sido financiado por MICIU/AEI /10.13039/ 501100011033 (Agencia Estatal de Investigación, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) y fondos FEDER (Unión Europea), código de proyecto PID2021-122206NB-I00.

 

Material complementario

No

 

Aprobación ética

Declaración del Comité de Ética: El estudio se realizó de acuerdo con la Declaración de Helsinki, aprobada por el Comité de Ética de Investigación de la Universidad de Sevilla (código de protocolo PEIBA 2083-N-23; fecha de aprobación: 05/03/2024).

 

Conflicto de interés

No

 

Referencias

Aiston, J. (2024). ‘Vicious, vitriolic, hateful and hypocritical’: The representation of feminism within the manosphere. Critical Discourse Studies, 21(6), 703–720. https://doi.org/10.1080/17405904.2023.2257816

Banet-Weiser, S. (2018). Empowered: Popular feminism and popular misogyny. Duke University Press.

Banet-Weiser, S. y Miltner, K. (2016). #MasculinitySoFragile: Culture, structure, and networked misogyny. Feminist Media Studies, 16(1), 171–174. https://doi.org/10.1080/14680777.2016.1120490

Bernárdez-Rodal, A. (2023). Manosfera y discursos de odio: reacciones antifeministas y misoginia online. En V. Martín-Jiménez (Coord.), El discurso de odio como arma política: del pasado al presente (pp. 169-180). Comares.

Botto, M., & Gottzén, L. (2024). Swallowing and spitting out the red pill: Young men, vulnerability, and radicalization pathways in the manosphere. Journal of Gender Studies, 33(5), 596–608. https://doi.org/10.1080/09589236.2023.2260318

Brandariz-Portela, T. y Del Pino-Díaz, D. (2024). Antifeminismo y derecha radical. Un análisis comparado entre el youtuber Un Tío Blanco Hetero y el partido político Vox. Palabra Clave, 28(2), e2821. https://doi.org/10.5294/pacla.2025.28.2.1

CIS (2024). Encuesta sobre percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres y estereotipos de género. Centro de Investigaciones Sociológicas

Crosas-Remón, I., y Medina-Bravo, P. (2019). Ciberviolencia en la red. Nuevas formas de retórica disciplinaria en contra del feminismo. Papers. Revista de Sociología, 104 (1), 47-73. https://doi.org/10.5565/rev/papers.2390

Del Pino-Díaz, D. (2023). Expresiones antifeministas en YouTube. Un análisis discursivo del youtuber Roma GallardoCuadernos de Información y Comunicación28, 159-177. https://doi.org/10.5209/ciyc.85407

Díaz-Hernández. C. (2025). Adolescentes, jóvenes y pornografía motivos para consumir e implicaciones del consumo en España, Servicios sociales y política social, . 134, págs. 83-98.

Fernández-Montaño, P. (2024). Violencias de género en redes sociales. European Public & Social Innovation Review, 9, 1–13. https://doi.org/10.31637/epsir-2024-656

García-Mingo, E. y Díaz-Fernández, S. (2022). Jóvenes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepción que tienen los hombres jóvenes de la violencia sexual (2022). Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (Fundación Fad Juventud).

García Mingo, E., & Díaz-Fernández, S. (2023). Cartografía de investigación sobre misoginia online y manosfera en España: Mirando al futuro. Masculinidades y cambio social, 12(3), 293-309. https://doi.org/10.17583/MCS.11882

Gutiérrez-Almazor, M., Pando-Cantelli, M.J. y Congosto M. (2020). Nuevos enfoques en la propagación de la reacción antifeminista en Twitter. Investigaciones Feministas, 11(2), 221-237. https://doi.org/10.5209/infe.66089

Jane, E. A. (2017). Misogyny online: A short (and brutish) history. SAGE.

Jiménez-Cortés, R. y Triviño, L. (coords.) (2023). Pedagogía digital feminista en educación superior. Dyckinson.

Kimmel, M. (2019). Hombres (blancos) cabreados. La masculinidad al final de una era. Barlin Libros.

Kuric, S., Gómez, A. y Sanmartín, A. (2026). Barómetro Juventud y Género 2025. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.18482115

Lacalle, C., Martín-Jiménez, V. y Etura-Hernández, D. (2023). El antifeminismo de la ultraderecha española en Twitter en torno al 8M. Revista Prisma Social, (40), 358–376. https://doi.org/10.65598/rps.4837

Martín-Pérez, C. (2024). Violencias y nuevas tecnologías. Estado de la cuestión. ¿Cómo viven los jóvenes las relaciones en esta sociedad tecnológica? Revistas de Estudios de Juventud, 125, 95-110.

Mayring, P. (2021). Qualitative content analysis: a step-by-step guide. Sage

Navarro-Gaitán, G., García-Luque, A. y De la Cruz-Redondo, A. (2021). Creencias y concepciones sobre feminismo: la formación como reto. Creencias y concepciones sobre feminismo: la formación como reto. En A. Rebollo-Catalán y A. Arias-Rodríguez (Eds.) Hacia una docencia sensible al género en la Educación Superior (pp. 318-348). Dykinson.

Pérez-Tirado, I.; Rodríguez, P. y Gutiérrez-Almazor, M. (2022). En qué consisten las resistencias antifeministas a la igualdad. En M. Gutiérrez (Coord.), Resistencias antifeministas (pp. 12-41). Emakunde.

Ponte, J. M. (2020). El framing como instrumento de movilización social. Análisis de los encuadres en Facebook del movimiento Ni una menos. Politai: Revista de Ciencia Política, 11 (21), 9-34.

Ranea, B. (2021). Desarmar la masculinidad. Catarata.

Rebollo-Catalán, A. y García-Pérez, R. (2023). Enseñar con perspectiva de género. En A. Porto-Castro y J.M. Muñoz-Cantero (Eds.). Educación inclusiva y equitativa de calidad (pp. 15-34). Peter Lang. Recuperado de ttps://idus.us.es/items/315d9481-5e7e-4e95-9cc0-72459828112d

Roldán-Gutiérrez-, P. (2022). Pornografía, sexualidad y redes ¿nuevas violencias o nuevas máscaras? Revistas de Estudios de Juventud, 125, 77-94.

Roldán-Gutiérrez, P. y Kaplún-Medina, D. (2022). Proyectos educativos con enfoque de masculinidades. Revista de Estudios de Juventud, 125, 177-195.

Suárez-Álvarez, R. (2022). Análisis comunicacional de la construcción de las relaciones no igualitarias en las redes sociales. Caso #sugardaddy en TikTok. Historia y comunicación social, 27(2), 401-413. https://doi.org/10.5209/hics.84389

Tortajada, I. y Vera, T. (2021). Feminismo, misoginia y redes sociales. Investigaciones feministas, 12 (1), 1-4. https://dx.doi.org/10.5209/infe.74446

Varela-Portela, C, Alonso-Ruido, P., y Regueiro-Fernández, B. (2024). Los planes de estudio en Educación Superior: ¿Es el género una prioridad? Revista Fuentes, 26(1), 95–108. https://doi.org/10.12795/revistafuentes.2024.24014

Villar-Aguilés, A. y Pecourt-Gracia, J. (2021). Antifeminismo y troleo de género en Twitter. Estudio de la subcultura trol a través de #STOPfeminazis. Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales, 18(1), 33-44. https://doi.org/10.5209/tekn.70225

Zabalgoitia, M. (2022). Retóricas del meme masculinista. Universidad digital y antifeminismo en tiempos de pandemia. Mitologías Hoy, 25, 68–90. https://doi.org/10.5565/rev/mitologias.834

 



[1] La procedencia teórica de cada una de las categorías se indica en la tabla con la siguiente numeración: 1. Procedente de Crosas-Remón y Medina-Bravo (2019); 2. Procedente de Villar-Aquilés y Pecour-Gracia (2021); 3. Adaptación propia a partir de Crosas-Remón y Medina-Bravo (2029); 4. Adaptación propia a partir de Villar-Aquilés y Pecourt-Gracia (2021); 5. Categoría de creación nueva ad hoc.

[2] Todas las imágenes de este apartado han sido extraídas de la red social X.

[3] Videos disponibles en: https://x.com/YoSoyOscar11/status/1898414595347185809?s=20 y https://x.com/Nina_Mahsati/status/1898354056101265840?s=20.